Sexenios van sexenios vienen, ¿y la lectura?

A pocos días de haberse celebrado en México el día nacional del bibliotecario, el presidente en turno, Felipe Calderón, hizo pública la promulgación de la Ley de la lectura y el libro en México, misma que apareció publicada el 24 de julio en el Diario Oficial de la Federación.  Grosso modo, los objetivos de la ley son los siguientes:

1) Propiciar la generación de políticas, programas, proyectos y acciones dirigidas al fomento y promoción de la lectura;
2) Fomentar y estimular la edición, distribución y comercialización del libro y las publicaciones periódicas;
3) Fomentar y apoyar el establecimiento y desarrollo de librerías, bibliotecas y otros espacios públicos y privados para la lectura y difusión del libro;
4) Establecer mecanismos de coordinación interinstitucional con los distintos órdenes de gobierno y la vinculación con los sectores social y privado, para impulsar las actividades relacionadas con la función educativa y cultural del fomento a la lectura y el libro;
5) Hacer accesible el libro en igualdad de condiciones en todo el territorio nacional para aumentar su disponibilidad y acercarlo al lector;
6) Fortalecer la cadena del libro con el fin de promover la producción editorial mexicana para cumplir los requerimientos culturales y educativos del país;
7) Estimular la competitividad del libro mexicano y de las publicaciones periódicas en el terreno internacional, y
8 Estimular la capacitación y formación profesional de los diferentes actores de la cadena del libro y promotores de la lectura.

Si leemos con atención, estos objetivos están más cargados de buenas intenciones que de acciones concretas (como toda ley). La verdad es que esta ley me suena más a chapuza que a una acción que propenda a la proliferación del libro y lectura en México, sobre todo porque no es la primera vez que en un sexenio se grita a los cuatro vientos que el gobierno hará lago por estimular la lectura en todos los sectores de la población. Basta recordar lo que hizo Vicente Fox el sexenio anterior cuando inauguró la Biblioteca José Vasconcelos, misma que ponía como modelo de biblioteca pública para México. A la fecha esta biblioteca ha devenido en un elefante blanco total, donde se ha detectado un desvío importante de fondos del erario público. ¿Algo nuevo? No, verdad.

Ojalá esta nueva ley sea un punto de partida para un fomento real del libro y la lectura en nuestro país, y no simplemente un pretexto para hacer demagogia política, cosa que dudo mucho. El tiempo dirá.