Una aguja en el pajar

borges

Hace un par de días, mientras hurgaba una enciclopedia de la biblioteca en la que laboro, me tope con un excelente prólogo de Jorge Luis Borges, el cual, sin menoscabo de toda su vasta obra, me fascinó por su completud y profundidad sobre todo aquello que involucra a nuestro quehacer bibliotecario y libresco. Léanlo y juzguen por ustedes mismos.

Grijalbo : diccionario enciclopédico. (1986). Barcelona: Grijalbo.

Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mi refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros. A lo largo de la historia el hombre ha soñado y forjado un sin fin de instrumentos. Ha creado la llave, una barita de metal que permite que alguien penetre en un vasto palacio. Ha creado la espada y el arado, prolongaciones del brazo del hombre que los usa. Ha creado el telescopio, que le ha permitido indagar en alto firmamento. Ha creado el libro, que es una extensión secular de su imaginación y de su memoria.

A partir de los Vedas y de las Biblias hemos acogido la noción de libros sagrados. En cierto modo, todo libro lo es. En las páginas iniciales del Quijote, Cervantes dejó escrito que solía recoger y leer cualquier pedazo de papel impreso que encontraba en la calle. Cualquier papel que encierra una palabra es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu. Ahora, como siempre, el inestable y precioso mundo puede perderse. Sólo el libro puede salvarlo.

Hugo escribió que toda biblioteca es un acto de fe; Emerson, que es un gabinete donde se guardan los mejores pensamientos de los mejores. Al sajón y al escandinavo los maravillaron tanto las letras que les dieron el nombre de runas, es decir de misterios, de cuchicheos.

Pese a mis reiterados viajes, soy un modesto Alonso Quijano que no se ha atrevido a ser don Quijote y que sigue tejiendo y destejiendo las mismas fábulas antiguas. No sé si hay otra vida; si hay otra vida, espero que me esperen en su recinto los libros que he leído bajo la luna con las mismas cubiertas y las mismas ilustraciones, quizá con las mismas erratas, y los que me depara aún el futuro.

Para un hombre ocioso y curioso (yo aspiro a ambos epítetos), el diccionario y la enciclopedia son el más deleitable de los géneros literarios. Para los trabajos de la imaginación no hay un mejor estímulo. Creo que el Occidente, y quizá el planeta, será bilingüe; el español y el inglés, que se complementan, serán el habla común de la humanidad. En la península abundan los idiomas y los dialectos; en ese continente el idioma es uno, con mínimas diferencias locales. Persisten algunas lenguas indígenas, cuyo destino es el olvido, y que se pierden cuando entran en el gran mar del castellano. De todos los idiomas latinos, el portugués que se habla en el Brasil es el que defiere menos del nuestro.

Este libro, que ha sido elaborado por eruditos de todas las regiones del castellano, quiere examinar y ordenar el creciente lenguaje que abarca los dos hemisferios y que se estudia con amor en todas las ciudades del mundo.

Buenos Aires, 14 de junio de 1985.
Jorge Luis Borges